Resulta que en la frutería de abajo, todos los miércoles, tienen una oferta muy apetitosa. Por solo un euro te dan un kilo de mandarinas, media de docena de huevos, un kilo de patatas y un chorizo. Las mandarinas, los huevos y las patatas se van comiendo de semana en semana, pero los chorizos se van acumulando. Normalmente es cogollo el que se ocupa de las legumbres, y su aprensión a la grasa, hace, que entre los ingredientes de sus guisos, no entren los chorizos, ni las morcillas, ni el llacón. Elementos todos que forman parte de mis recuerdos de fabes, lentejes y garbanzos familiares.
Hoy estoy mala y el legumbrero está concentrado, así que me cuelo y aprovecho para cocinar. Fue él el que ayer los puso a remojo pero seré yo la que hoy haga los garbanzos. Pese a las recomendaciones del "experto", tiro de mi propia receta. Es mi revancha a la falta de grasa en nuestra alimentación. Es invierno y hay que forrar un poco, no?. Además tengo que dejar atrás el catarro, y está escrito en la sabiduría popular, nada mejor que un choricín...
Pincho un poco el chorizo y ala, pa dentro! a flotar con los puerros, la cebolla, la zanahoria, la patata... y un chorrete o dos de vino blanco! y pimentón y ajo! venga, todos a la fiesta! a restallar ahí dentro... pero la alegría no podía durar mucho. El legumbrero entró a la cocina con hambre y mal humor, olfateó y dijo con gravedad de astrofísico: "aquí huele a chorizo". A partir de ahí todo fue batallar. Que si les faltaba sal, que si la grasa flotaba en el caldo, que si estaban duros, que si el chorizo se cuece aparte, que si el pollo no es gallina y el cuello no es la zanca... ai, la próxima vez voy echar a cocer también unas hojitas de tila y un par de morcilles! jejeje
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